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Tips par ayudar a tu hijo a controlar sus impulsos
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Tips par ayudar a tu hijo a controlar sus impulsos

  • En primer lugar, seamos comprensivos para poder ayudarle de forma eficaz. La mayoría de niños impulsivos suelen luego arrepentirse y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se lo razonamos. No obstante, vuelven a recaer en los mismos comportamientos.
  • También puede suceder que estos episodios se refuercen si con ello, el niño consigue lo que quiere y, por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.

  • El niño debe aprender, que sus actos tienen consecuencias. Por ello cuando sucedan estas conductas, deberemos ser capaces de marcar unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores, tiempo fuera, suspender privilegios, etc.). Por ejemplo si ha lanzado objetos, deberá recogerlos y colocarlos en su lugar; si ha insultado deberá pedir disculpas, etc. Es necesario esperar a que el niño se tranquilice para aplicar las contingencias marcadas.
  • Es muy importante mantener la calma. Tenemos que mostrarnos serenos y tranquilos pero, a la vez contundentes y decididos. Por ejemplo, ante las rabietas incontroladas, decirle: “Mamá (o papá) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. Los padres se retiran buscando una cierta distancia física (según las circunstancias: calle o casa) pero también afectiva. De esta forma, el niño, recibe a nivel inconsciente un mensaje muy claro: Así no vas a conseguir las cosas.
  • Recordarle los aspectos positivos que tiene, al mismo tiempo que le señalamos los que debe corregir.
  • No debe vernos alterados o fuera de control, hay que mostrar tranquilidad delante del niño cuando queramos corregir sus actos. Si éste percibe en nosotros inseguridad o diferencias, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y las rabietas se incrementarán.
  • El niño requiere que le expliquemos qué es lo que le pasa y qué puede hacer (más adelante se dan algunas pistas). Las reflexiones sobre esto deben ser hechas cuando las cosas se han tranquilizado. Un buen momento es por la noche antes de acostarse.
  • Un ambiente familiar tranquilo y colaborador es el mejor aliado para corregir conductas.
  • Canalizar la energía en cualquier actividad deportiva, los niños impulsivos pueden beneficiarse si aprenden a canalizar esta activación para potenciar sus destrezas. Cualquier práctica deportiva es especialmente útil en estos niños y nos ayudará a regular su comportamiento.
  • Ante las manifestaciones impulsivas (rabietas, gritos, lloros, etc.) deberemos aplicar la retirada de atención física y afectiva y, si procede (según intensidad o características del episodio), aplicar algún correctivo. No basta con saber establecer límites o castigar, deberemos completar el trabajo con ejercicios de vinculación afectiva como leerles cuentos, efectuar ejercicios de relajación antes de dormir, etc. En estos momentos es cuando podemos razonar con ellos y analizar lo que ha pasado.
  • Enseñarle a identificar las sensaciones previas a la manifestación impulsiva y así, cuando note la activación deberá  respirar profundamente varias veces, al tiempo que él mismo se da autoinstrucciones (para, stop, tranquilízate, contrólate, etc.). Esta técnica suele ser muy eficaz si, además, hemos trabajado con el niño alguna técnica de relajación.
  • También podemos darle la instrucción de que cuando se noten muy activados intenten separarse físicamente de la situación como método para tratar de evitar un incidente (apartarse de un niño que le insulta, ir a su habitación ante una reprimenda, etc.). Todo ello debe llevarse a cabo bajo supervisión del adulto y teniendo en cuenta la edad del niño.
  • Uno de los mejores aliados, lo constituyen, sin duda, los diferentes métodos de relajación. Por ejemplo:
  • Reconocer las sensaciones cuando está nervioso, cuando tiene miedo o cuando está enojado, y que parte de sus músculos están tensos, es el primer paso para poner en marcha las estrategias de relajación y tratar de tomar él mismo el control de la situación.
  • La visualización de colores o situaciones suele funcionar bastante bien. Así que podemos darle instrucciones para que cuando tome aire pausadamente lo convierta en su color preferido y de esta forma llene todo su cuerpo de tranquilidad y bienestar. Debe notar como entra por la nariz baja por la garganta y llena los pulmones al tiempo que una agradable sensación de calor inunda su cuerpo.
  • El niño debe practicar por él mismo la relajación en los momentos en los que esté especialmente nervioso a lo largo del día. Para ello primero deberá identificar sus emociones y tensión para aplicar la respiración tranquila y la visualización de su color o imagen preferida. También podemos añadir autoinstrucciones del tipo: “relájate, tranquilo, respira…”
  • Normalmente estas rutinas pueden costar algún tiempo o pueden parecer irrelevantes para el niño, pero con la supervisión y el trabajo constante se producen mejoras significativas.

 

 

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