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Niños sobreprotegidos
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Niños sobreprotegidos

Es una realidad que los padres no nacemos sabiendo educar a nuestros hijos, intentar hacerlo bien hace que a muchos nos preocupen las consecuencias de nuestro comportamiento hacia con los niños.

Lo que sí es verdad es que cuando ejercemos ese papel de padres, estamos haciéndolo nosotros como personas, es decir, con nuestra personalidad, miedos y lastres que han quedado muy marcados desde nuestra infancia hasta el momento de nuestra paternidad, esto hace que muchos padres/madres elijamos como patrón de conducta principal hacia nuestros hijos la sobreprotección.

Pero, ¿cómo son los padres sobre protectores? De acuerdo a especialistas en psicología, pedagogía y educación, estos tienen las siguientes características:

  • Están constantemente pendientes de los movimientos de sus hijos.
  • Procuran anticiparse a las necesidades del niño.
  • Evitan a toda costa que su hijo o hija la pase mal resolviéndoles los problemas a los que se enfrenta.
  • Limitan o impiden que su hijos explore el mundo por si mismos, privándoles de la oportunidad de aprender.
  • Tienen una alta tolerancia a multitud de demandas y exigencias que el niño muestra.
  • Limita en exceso las demandas de independencia o autonomía. No le permite salir a la calle porque hace excesivo frío o calor, elige la ropa que se va a poner o los amigos con los que deben relacionarse.
  • Le realiza las actividades escolares
  • Si lo molestan otros niños, interfieren para defenderlo.
  • Le da de comer, lo viste, lo baña o lo peina aunque el niño ya tenga la edad para hacerlo solo.
  • Revisa todo lo que hace.
  • Utiliza el miedo para protegerlo.
  • Contesta por él.
  • Ignora y justifica sus errores.
  • Jamás permite que otros adultos lo corrijan
  • Se siente culpable cuando no lo ayuda.

¿Deseas saber cuáles son las conductas de un niño sobreprotegido? Los especialistas también nos lo dicen. Los niños sobreprotegidos actúan con:

  • Miedo
  • Inseguridad
  • Dificultad para adaptarse a nuevas situaciones
  • No son serviciales
  • Están aconstumbrados a que les hagan las cosas
  • Solo realizan las actividades si alguien les ayuda.
  • No les gusta esforzarse y eso los pone de mal humor.
  • Solicitan las cosas con mala actitud, gritando, llorando, etc.
  • No tienen iniciativa
  • Son demandantes y exigentes

Consecuencias de la sobreprotección

  • Bajo concepto de sí mismo, puesto que, aunque haya intentado tomar sus propias decisiones, el control y consejos de los padres ha dado lugar a que no vea las consecuencias de éstas. A este chico le falta la valoración positiva externa de sus comportamientos y decisiones; pero también le falta la autovaloración sobre estos comportamientos y decisiones, aspecto fundamental para poder desarrollar un autoconcepto y una autoestima
  • Dificultades en el aprendizaje y puesta en práctica de habilidades sociales, estos chicos tienen dificultades para entablar o mantener relaciones y amistades. A veces son niños muy tímidos, que les cuesta iniciar conversaciones,  integrarse en grupos y, en seguida que algo no sale como les gustaría, se sienten mal y prefieren retirarse. Sus padres no les han permitido solucionar sus propios problemas porque ya los han solucionado ellos por ellos mismos. La consecuencia es el no aprendizaje de habilidades de solución de problemas, algo necesario para las relaciones personales. Este aprendizaje es fundamental para la vida como adulto, tanto en el área personal como laboral.
  • Dificultad para tomar decisiones por sí mismo, estos niños se convierten en personas muy dubitativas a la hora de tomar decisiones. Algunas decisiones pueden ser muy angustiosas,  no saben si van a tomar o no la decisión correcta. Se sienten inseguros sobre las repercusiones que podrá tener una determinada decisión. Y la consecuencia es la demora en tomar decisiones, con toda la angustia y el malestar que implica la indecisión. Esto les lleva a disfrutar menos del día a día, porque simples decisiones les pueden llevar horas o días. Y esto contribuye de nuevo a que su autoestima siga disminuyendo, al no verse capaces de tomar decisiones que, según observan, para otros pueden resultar fáciles. Además, la autoestima sigue disminuyendo también porque, al retrasar decisiones, siguen sin poder ver los resultados de sus acciones, y siguen sin poder verse como personas válidas, capaces de pasar a la acción.
  • Búsqueda de su seguridad en otros, tienden a apoyarse en los demás, para que tomen decisiones por ellos. Se sienten inválidos ellos solos, y necesitan que alguien les proteja, les de seguridad.
  • Tienen tendencia al pensamiento negativo y a tirar la toalla, ante una dificultad que no saben cómo enfrentar, prefieren no enfrentarse, dejarla pasar de largo, evitarla, que ponerse manos a la obra y ver posibles soluciones. Se sienten incapaces de hacer algo y, a la vez, tienen miedo a equivocarse, por lo que muchas veces ni siquiera lo intentan, y así evitan fallar. Su pensamiento es negativo respecto a las propias capacidades de solucionar esos problemas. Volvemos de nuevo a alimentar esa autoestima negativa.
  • Relaciones difíciles con los padres, además de culparles de haberles cortado mucho la libertad en su desarrollo haciendo que dejaran de hacer cosas porque podía ser peligroso (quizá cosas habituales en otros niños de su edad). Debido a ello, las discusiones con los padres pueden ser frecuentes, la culpabilización hacia ellos puede ser la norma general. Esta culpabilización a su vez lo que está haciendo es que al culpar a otros de los propios problemas, no le está permitiendo a la persona fijarse en lo que puede hacer para sí misma, para mejorar.
  • Depresión, en muchos casos, estas personas acaban desarrollando una depresión a consecuencia de su baja autoestima y autoconcepto, y de sus dificultades para resolver problemas en su vida diaria. Estos dos puntos se van retroalimentando continuamente, y eso hace que la persona se vea incapaz de tener una vida feliz y como consecuencia llegar a una indefensión aprendida (La indefensión aprendida es la sensación de no poder controlar los acontecimientos que le ocurren, la sensación de que haga lo que haga su situación no puede cambiar, le lleva a no saber qué hacer para solucionar su situación, y a sentirse cada vez peor).

¿Qué podemos hacer?

  • Transmitir al niño una percepción tranquilizadora del mundo. Ver peligros por todas partes y no concederle gradualmente la autonomía necesaria le crea mucha inseguridad. Añadir también una dosis de ansiedad constante significa correr el riesgo de bloquear o retrasar muchos de sus descubrimientos.
  • Tratar de darle ejemplo, mostrándole que, aunque se equivoque y las cosas no vayan como querría, siempre existe la posibilidad de solucionar los problemas. El niño hace suya esta actitud a partir del ambiente en el que crece, y la “absorbe” por imitación.
  • Recordar que la sobreprotección de los padres, a la larga, afecta al niño. El niño sobreprotegido puede desarrollar una sensación de inferioridad y de incapacidad, permaneciendo excesivamente ligado y dependiente de los padres.
  • Hay que dar confianza al niño cuando asegura que “no puede” hacer algo. En los primeros años, el niño debe aprender muchas habilidades, y sus movimientos se deben perfeccionar. Cuando se desanima y habla de sí mismo subrayando únicamente la parte negativa (“no puedo”), es importante rebatir su punto de vista, demostrándole que sí sabe hacer muchas cosas solo.
  • El hecho de sentir que mamá y papá se ocupan de él le aporta una gran seguridad. Elogiarle cuando logra hacer algo solo, o ayudarle sin dramatizar cuando tropieza y se cae, son otros estímulos que le ayudan a aumentar su autoestima.
  • Inculcar demasiado miedo puede frenar la vitalidad de los niños y, en cualquier caso, hacerles escoger el camino equivocado. Algunos estudios han relacionado un comportamiento excesivamente timorato de los padres con comportamientos transgresivos y agresivos de los hijos, una vez son mayores.

¿Qué NO debemos hacer?

  • No infravalorar los miedos del niño, pero tampoco exagerar con la compasión. Cuando se le dice “pobrecito”, en realidad, sólo se están atenuando los efectos del consuelo. De hecho, al niño le parecerá que existe una amenaza real a la que debe temer.
  • No excederse con las advertencias del tipo “cuidado, que te vas a caer”, o “no vayas allí, que es peligroso”. Repetir estas frases continuamente tratando de evitar el enfrentamiento inevitable con el riesgo puede crear en el niño el miedo a no ser capaz de defenderse y dominar su integridad.
  • No hacer las cosas por él cuando no puede hacer algo. Protegerle de las frustraciones no le ayuda a ser autónomo. La autoestima del niño se forma en los primeros años de vida, en función de los juicios que se expresan sobre su persona y sobre sus capacidades.
  • No intervenir enseguida en cuanto el niño sufre un acto de prepotencia por parte de otro niño de su edad. De lo contrario, nunca aprenderá a defenderse solo y siempre recurrirá a la ayuda de sus papás.

Proteger y ayudar a los hijos a solucionar sus problemas ayuda a su desarrollo. Evitar que los niños sufran solucionando sus propios problemas, cuando ellos mismos los podrían solucionar, hace que los niños a corto plazo se sientan bien y protegidos (“mis papis me defienden”), es un alivio temporal. Pero esta situación hace que a largo plazo todos los miedos de los padres sobre el sufrimiento de sus hijos, se cumplan.

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